Espiritismo y bienestar social
- May 28
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En nuestras búsquedas internas del ser encontraremos conexiones y apoyos provenientes de mundos inmateriales dispuestos a manifestarse para lograr el bien común. Así lo muestra la investigación etnohistoriográfica sobre el espiritismo puertorriqueño realizada por Carmen Ana Romeu Toro, expresada en su libro Espiritismo, transformación y compromiso social: Historia de la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal en Puerto Rico (1930–1980).
A través de los relatos orales y la memoria histórica, la autora presenta el espiritismo como una filosofía de vida basada en principios como la existencia de una Inteligencia Superior-Dios, la comunicación entre espíritus que trascendieron la muerte y los humanos, la mediumnidad, la sanación física y mental y el compromiso con la justicia social, entre otros. El libro nos invita a comprender estas prácticas profundas y complejas dentro del contexto histórico-cultural de Puerto Rico de mediados del siglo XIX y del siglo XX.
La primera corriente espiritista llegada a Puerto Rico fue el Espiritismo Kardeciano proveniente de Europa, practicado inicialmente por sectores letrados y de clase media alta. Sin embargo, no tardó en surgir el espiritismo puertorriqueño, conocido como Espiritismo Criollo o Mesa Blanca Espiritual (espiritismo folklórico o popular), practicado principalmente por sectores de clase baja en las zonas rurales y populares de la isla. Aunque todas las variantes del espiritismo manifestadas en la isla fueron perseguidas, los practicantes del espiritismo europeo tuvieron conflictos con los practicantes del espiritismo popular. Este último integró elementos indígenas, africanos y católicos con plegarias folklóricas puertorriqueñas, prácticas de sanación y el uso de plantas medicinales y amuletos populares. De forma despectiva, a los practicantes de este espiritismo popular-criollo le llamaban espiriteros. Una figura importante fue Julia Vázquez (1893-1986), llamada La Médica, la Niñita y la Samaritana de San Lorenzo, proveniente de familia negra y trabajadores del tabaco. Al espiritismo letrado le parecía contradictorio por la condición de raza, clase y género que le atravesaba a La Médica de San Lorenzo, quien movía miles de personas, las cuales acudían a ella para ser sanadas.
Además, me parece importante lo mencionado por la autora, en cuanto a seguir investigando sobre la corriente del espiritismo de influencia africana. El libro menciona a investigadoras como Angie Gutiérrez, que reafirma su práctica espiritista y su negritud integrando los bailes en consultas y misas espirituales. También se hace mención de Marta Moreno Vega, la cual señala que muchos trabajos del espiritismo kardeciano y las oraciones católicas funcionaron históricamente como mecanismos para disfrazar influencias africanas dentro de estas prácticas. Esto me parece importantísimo en contextos marcados por la colonialidad y el racismo donde la negritud y sus manifestaciones han sido invisibilizadas. Otro elemento importante del libro es el trabajo de la Escuela Magnético Espiritual de la Comuna Universal (EMECU) desarrollada en Puerto Rico, donde la acción social y el amor, entendido como la ley principal de la vida, forman parte central de su filosofía. Aunque esta investigación fue publicada en el 2015, continúa siendo un recurso fundamental para las personas interesadas en conocer y comprender la historia del espiritismo, no solo en Puerto Rico, sino también en el Caribe hispano.



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