Dominicana Airlines

Clap When you Land
Elizabeth Acevedo
“Ser dominicano es un sentimiento,
una actitud, una forma de ver la vida”.
Freddy Ginebra
«Buenas noches, señores pasajeros (sí, así en masculino, oh oh, ¿pa’ qué tanto joder?). Mi nombre es Yurileidis Peralta y seré su azafata el día de hoy junto a mi colega que se encuentra al frente, Jeremy Thomson (que no sabe media palabra en español así que llévenlo y llévenme suave, please). Él y yo, junto al piloto como el resto de la tripulación les damos la bienvenida y las gracias por elegir volar en Dominicana Airlines con destino a la ciudad de Santo Domingo (que es la capital, no el país ni la isla, que conste).
La duración estimada del vuelo será de tres horas y cincuenta minutos, give or take una que otra turbulencia (que, a esta hora de la madrugada, ¿supiste?). Por motivos de seguridad y para evitar interferencias con los instrumentos de vuelo, les recomendamos, no, oigan bien, más les vale que los pongan en Airplane mode y que desactiven, bajen o apaguen las notificaciones de sus teléfonos celulares, pero es desde ya y hasta que salgan de este avión. Sin coro. No quiero oír un solo tiiiiinnnnn ni una conversación en altavoz, así sea con el Papa, ni nada por el estilo. Cero celular, cero bulla. Los dispositivos electrónicos portátiles solo podrán utilizarse cuando se apague la señal luminosa de cinturones, y con audífonos. Oigan bien: con-au-dí-fo-nos exclusivamente. Si su carajito de siete años ya es adicto a un jodido celular o tableta y le hace un show y le da un yeyo si usted intenta quitárselo, cerciórese de que tenga puesto unos auriculares con volumen normal (nor-mal, casi lo contrario de “a todo lo que da”) y que la luz no le moleste a la persona que va al lado. Asimismo, no scrolling con la pantalla como las luces de su carro, es decir alta, independientemente de que vaya solo o no en la carretera. A la persona que está a su lado no le interesa ni su ansiedad ni sus posts rastreros ni sus vicios.
Les rogamos guarden todo su equipaje de mano en los compartimentos superiores o debajo del asiento delantero, dejando despejados el pasillo y las salidas de emergencia. Me oyó bien señora, no se haga la pendeja, los bultos debajo, no al lado de las piernas, no sobre sus muslos, debajo del sillón de adelante. Si no cabe y ya metió una maleta en el compartimento de arriba, déselo a Jeremy y a ver si finalmente sirve para algo el negro pendejo ese. Ahora por favor, abróchense el cinturón de seguridad, mantengan el respaldo de su asiento en posición vertical y su mesita plegada. Les recordamos que no está permitido fumar en el avión, a quien yo agarre fumando en el baño, así sea un cigarrillo de vapor, le voy a meter una multa que todavía sus nietos van a seguir pagando intereses. Y ni hablemos de beber. Que ni se les ocurra abrir una de las botellas de Johnny Walker o de Hennessy de las que compraron dizque más baratas en Zona Franca para luego emborracharse y empezar a hablar duro, a ponerse necios e indeseables y a no dejar dormir a nadie. No manín, se equivocó medio a medio, aquí solo se va a tomar lo que le compre a Jeremy o a mí. ¿Okey?
A las mamás que andan con niños chiquitos, no les cambien los pampers en el asiento ni en la mesita plegable a los bebés, por piedad. Los baños no serán muy grandes, pero hay un cambiador y un extractor de aire que aliviana el bajo a mierda. Por favor.
Mamazongas, no pintarse las uñas, no ponerse fajas ni quitarse tubi en su asiento. Papazongos, si hay una mujer leyendo a su lado, no le hagan preguntas pendejas, créanme, esa tipa no está aburrida ni busca conversación. Llévense de mí y anoten una sin mucho esfuerzo.
Abuelas, no Tupperware con revoltillos ni locrios de arenque en vuelos de más de dos horas, por lo que ustedes más quieran.
Ahora bien, presten atención que todavía no acabo. El cinturón de seguridad debe permanecer abrochado siempre que la señal luminosa de cinturones esté encendida. En caso de tener que realizar una evacuación de emergencia, los senderos luminosos del suelo les guiarán hasta las salidas de emergencia (dejen sus malditos nervios y sus griteríos y sigan las benditas reglas que por algo se las estoy diciendo). Vean que en este avión hay cuatro salidas de emergencia. Los chalecos salvavidas están situados debajo de cada uno de sus asientos (a la gente que viajó en yola, please, dejen de robárselos para dárselos a futuros emigrantes, esas vainas no funcionan en el Canal de Mona). Insisto, los chalecos no deben extraerse a menos que se lo indique un miembro de la tripulación, es decir, Jeremy o yo, que somos los únicos infelices trabajando esta noche ya que a) la gente de noche lo que quiere es dormir; b) esta línea aérea no paga lo suficiente para que nadie quiera trabajar de noche; y c) ni el diablo quiere trabajar en esta línea ni con estos clientes; ¿para qué mentirnos? Yo porque me estoy tragando un cable, con tres muchachos y un papá que no da ni la hora ni un golpe de karate, y Jeremy que no trabaja donde quiere sino donde puede, o más bien donde le abren la puerta. Ay ombe, tan bonitillo que es a pesar de ser cocolo. Nada que, en caso de amerizaje, es decir, que nos lleve quién nos trajo y caigamos al agua, y siendo advertidos por la tripulación, se sacan, se introducen por la cabeza, se pasan las tiras alrededor de la cintura y se enganchan las anillas al cierre delantero. Para ajustarlo tire de los dos extremos. Ni locos lo inflen dentro del avión, que no cabemos y ahí sí es verdad que nos llevó quién no nos trajo. Ya afuera, sépase en el agua, para inflarlos, se tira con fuerza de las dos placas rojas delanteras. Nunca, nunca, nunca dentro del avión. En caso necesario, el chaleco también puede inflarse soplando por los tubos laterales. En caso de una pérdida de presión de la cabina, se abrirán automáticamente los compartimentos situados encima de sus asientos. Si esto ocurriese, tire fuertemente de la máscara, colóquela sobre la nariz y la boca, y respire normalmente (si es que puede y los nervios se lo permiten, porque dime tú). Asegúrese de tener su máscara ajustada antes de ayudar a otros pasajeros. Los pasajeros que viajan con niños deben colocarse su máscara y luego colocársela a los niños; puede parecer cruel, pero créame doña y señor que, si usted no se cuida primero y se la quiere dar de Supermán o de Mujer Maravilla, se va a joder tanto usted como su criatura y finito, por no hacer caso). En el bolsillo delante de sus asientos encontrarán las instrucciones de seguridad. Por favor consúltenlos si tienen alguna duda. No solo vea los dibujitos, total ninguno se parece a nosotros. Lea, hermano y hermana, lean para que el maco no les salte de susto.
Ya después de aterrizar (si es que aterrizamos), ¡no se fucking quite el cinturón de seguridad hasta que lleguemos al gate y el avión se haya detenido completamente! ¿Oíste tiguerón? Sí a ti mismito, el del suéter gris de rayitas de neón que dice Calvin Clain y el cadenón con un Jesucristo crucificado, sentado en el asiento 39D, tú sabes que es a ti que te estoy hablando. Si tú no pagaste por un sillón con extra leg room, no te puedes saltar la fila y pretender salir primero que la chapeadora que está en el 14A o el gringo busca sol y carajitas del 4F. Na’, ¡que te estoy chequeando!
Y lo mismito para las veintisiete doñitas tigueronas y los dieciocho caballos mayores que pidieron y entraron en silla de ruedas, sin-ne-ce-si-dad, solo para no hacer fila como el resto de los infelices e infieles, sepan que tampoco van a salir de primero, oh no. ¡Chúpense ahora ese cajuil!
Ya lo saben. Gracias por su atención y feliz vuelo. Ah, ¡y no se olviden to clap when you land!».



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