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Somos

  • 1 day ago
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Arte por Andrés Miró-Lugo de una figura femenina con forma de árbol.
Arte por Andrés Miró-Lugo

Somos raíz aunque nos quisieron semilla arrancada. YA LO HE DICHO: SOMOS PRIETAGONISTAS Somos raíz aunque el archivo nos nombre en tinta ajena. Somos raíz porque debajo de cada historia impuesta late un sistema subterráneo de memorias negras, cuir, vivas, entrelazadas como trenzas que nunca pidieron permiso. Yo escribo desde ese subsuelo. Desde el barco soy mujer negra y pirata desde el barco secuestro a la tripulación blanca y las ahogo y me libero… y libero a los míos. Soy barro donde las ancestras cantan en códigos, donde el tambor no es instrumento sino archivo, donde cada hebra de cabello guarda rutas de escape, mapas, nombres prohibidos, deseos no domesticados. Soy Yemaya, soy Orula, soy Pura Belpré, soy Juana Agripina, soy Celestina *soy Mayra Santos, soy Marie Ramos, soy Marielba Torres, soy Marta Moreno, soy Miriam Jiménez Román* Soy el afrocuirfuturismo que inserto como una grieta en el tiempo. Una posibilidad de mirarnos en el pasado sin aceptar la jaula del dolor como único relato, y mirarnos en el futuro sin pedir autorización para existir. Existo en todas las mujeres afrocuir que somos… Escribirnos es hackear la historia. Reprogramar la narrativa. Decir: no fuimos solamente sobrevivientes, también fuimos arquitectas del deseo, ingenieras del afecto, científicas del goce en medio del colapso. Somos raíz cuando recordamos. Somos futuro cuando imaginamos. Y en ese tránsito —esa fisura luminosa— aparecen nuestras cuerpas: negras, trans, no binaries, lesbianas, fugitivas del mandato, portando galaxias en la piel, lenguajes nuevos en la boca, tecnologías afectivas que el sistema no logra descifrar. YO SOY LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL YO SOY LA INTELIGENCIA NATURAL Y BIOLÓGICA Yo soy Porque sí: Soy la última tecnología. El último afroalgoritmo, la episteme suprema. No la de los imperios, no la del control, no la del algoritmo que vigila y castiga, sino la tecnología del cuidado radical, del ritual compartido, del abrazo que resiste al exterminio. La del beso en la frente, la del beso en la boca, en todas las bocas de mi cuerpa El futuro, en nuestras manos, no es distopía: es siembra. Sembramos mundos donde la negritud no es amenaza sino origen. Donde lo cuir no es margen sino centro expandido. Donde existir no duele, o al menos no duele a solas. En ese futuro, las niñas aprenden que sus trenzas son antenas, que sus cuerpos son territorios sagrados, que su voz no necesita traducirse para ser válida. En ese futuro, los nombres que nos negaron regresan, las lenguas que nos arrancaron florecen, y las muertas —nuestras muertas— no son silencio: son coro ancestral. Yo escribo para escucharlas. Para que nos escuchen. Porque cada palabra que inscribimos es una cápsula de tiempo, una ofrenda, una clave. Somos raíz y futuro porque no hay línea recta en nuestra existencia: somos espiral. Volvemos, avanzamos, mutamos. Recordamos lo que aún no ha ocurrido. Imaginamos lo que siempre ha sido nuestro. Exigimos la fortuna que nos pertenece: dame lo mío. Y en ese gesto —radical, amoroso, insurgente— nos nombramos. No como excepción. No como nota al calce. Nos nombramos como origen en expansión. Somos raíz. Somos futuro. Somos el presente que se rehúsa a desaparecer.



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