Cinco cuentos contra el olvido

Cinco cuentos negros es una colección de relatos escritos por Carmelo Rodríguez Torres, publicada originalmente en 1976 por el Instituto de Cultura Puertorriqueña bajo la iniciativa Serie Literatura Hoy. Aunque esta joya de la literatura puertorriqueña fue invisibilizada, debido a su acercamiento a la afrocaribeñidad como una forma de resistencia contra la ideología normativa y como una forma de autoafirmación cultural, hoy es reconocida como la primera colección de cuentos dedicada totalmente al tema del negro en Puerto Rico. Por eso, Espejitos de Papel Editores, Magna Cultura Ediciones y Tiznando el País: Visualidades y Representaciones han relanzado una nueva edición del libro (2026) prologado por Edgardo Nieves-Mieles e ilustrado con grabados a buril y a punta seca, que acompañan cada uno de los cuentos, por el artista plástico Martín García-Rivera. Los cinco relatos presentan historias distintas, pero discuten una serie de preocupaciones que permiten leerlos más allá de sus tramas individuales y reconocer su propia intertextualidad, ya que comparten personajes. Por lo tanto, vale la pena detenerse en los temas que los conectan.
La identidad afrocaribeña es el punto central de los textos. A través de las vivencias de los protagonistas, se revelan las falsas narrativas de la vida afrodescendiente en la era moderna. En Puerto Rico no se vivió una segregación racial institucional como la que se observó en Estados Unidos, pero sí había racismo y prejuicios raciales que se disfrazaban como “diferencias de clase”. En “Paraíso”, un hombre negro educado de clase media no hace suficiente dinero para mantener a su familia, se siente atrapado por su trabajo y, a la vez, niega a su novia porque en vez de tener hijos negros, tienen hijos blancos que se benefician de una educación privada y de un estilo de vida que la pareja no tuvo. Incluso, menciona que se ha “tenido que operar para controlar la multiplicación de la especie…”, lo que muestra una visión inferior de su propia raza por los discursos y obstáculos sociales que enfrenta. Así que, asumir la identidad afrocaribeña en estos tiempos (y también ahora) era un acto constante de lucha.
La opresión y el racismo no son temas obviados . Una de las grandes fortalezas de la prosa no es solo su estilo atemporal, que invita a reflexionar sobre cómo estas tramas podrían haber ocurrido tanto en tiempos anteriores como hoy, sino también las alusiones al calor y al vapor que pueden leerse como representaciones metafóricas del Caribe como infierno. Se repiten las imágenes de la humedad, el sudor, el humo y la sequía, posiblemente en referencia a la sequía extrema en Puerto Rico entre 1973 y 1976. Estos elementos pueden conectarse con la idea de que la modernidad occidental y el capitalismo colonial, la “utopía blanca”, se construyen y sostienen sobre la explotación, la esclavitud y la deshumanización de las poblaciones negras, lo que Sylvia Wynter plantea como el “infierno negro”.
Aunque los relatos resaltan aspectos duros de la afrocaribeñidad, ese no es su único fin. En “Fuencarral”, uno de mis cuentos preferidos, el mito es utilizado como una exaltación de la resistencia negra. Este negro gigante, nacido en Santa Cruz y descendiente de Mackandal, fue condenado a muerte por enamorarse de Rosita Urquijo, una niña de 14 años. Los nefilim (término utilizado para referirse a los estadounidenses que se instalaron en Vieques en vez de las figuras bíblicas nacidas entre humanos y demonios) deciden ahorcarlo bajo un árbol de acacia. En vez de morir, Fuencarral se quita la soga del cuello y se va caminando, evocando el mito de Mackandal y su supervivencia a la ejecución al transformarse en un insecto. Luego, Pura le dice: “Loor a Fuencarral. Porque en él está el futuro del pueblo”, porque él representa la fuerza, la vitalidad y la permanencia de la negritud.
Después de siglos de esclavitud, discriminación laboral y marginación social, la obra de Rodríguez Torres también plantea la urgencia de enfrentar la invisibilización de la identidad negra. Como menciona el propio prólogo, no se puede desarrollar el proyecto de nuestra nación si solo se canoniza la literatura que replica la colonialidad del poder y se oculta aquella que la combate. En ese sentido, Cinco cuentos negros no solo rescata una obra fundamental de la literatura puertorriqueña, sino que nos invita a cuestionar qué historias hemos decidido conservar y qué lugar ocupa, y debe ocupar, la negritud en nuestra memoria literaria.



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