Un trabajo sin terminar
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Tenías prisa. Era solo cuestión de tiempo en lo que se percatan de la ausencia del lápiz. Tienes poca luz. La excusa que tienes por vela está parpadeando cada segundo, pero la luna está observando a través de tu ventana. No sabes si lo que escribes es legible, pero no tienes tiempo para eso. Hay un mar de papeles a tu alrededor. Cada cual tiene frases que formarás luego. Será tu rompecabezas principal. Pero lo más importante es el lápiz. El lápiz que resolverá todo. No te van a detener hasta que consigas lo que buscas. La libertad.
Entre olas de papeles garabateados se abrió un espejo. Es vaporoso, casi como cuando ves tu reflejo en el agua en las mañanas de neblina. No sabes cómo lo hizo, pero ves a alguien al otro lado. No se da cuenta de que le puedes ver, pero eso no es lo que te importa. Te das cuenta de que tiene el lápiz en su mano. Es más viejo, como si hubiera sobrevivido el paso del tiempo.
Suena un portazo que te hace recordar tu prisa. El otro lado escucha el portazo con susto. Se miran. Tienen los mismos ojos. Oscuros, un poco rasgados, pestañas largas y las mismas dos líneas arrugadas debajo de cada ojo. Te mira con asombro y curiosidad. La misma mirada que tuviste cuando viste el lápiz por primera vez. La misma curiosidad que siempre has tenido. Te das cuenta de que trasciende el tiempo; incluyendo tu estancia terrenal. Miras tus ojos, que son tuyos, pero no lo son. Esos ojos no han visto lo que tú has visto, no han vivido lo que tú has vivido, no saben lo que es el miedo y el correr. Ves que no hay miedo en esos ojos, pero sí el fuego que te ha impulsado a romper las reglas, cueste lo que cueste. Es el fuego que nada ni nadie ha podido apagar, porque no viene de ti. El fuego ha existido mucho antes que tú y sabes que seguirá mucho después.
Escuchas unos pasos. Se te acaba el tiempo. Vuelves a mirar a tus ojos en el espejo. El vapor se mueve hacia ti. Tiras tu mano tentativa a través y te das cuenta que no es un espejo. Parece más una ventana. Los pasos se acercan. Son arrastrados, pero con el peso de la determinación. En cualquier momento van a abrir la puerta. Tomas el lápiz de sus manos y tiras tus garabatos por la ventana. Sabes que logrará continuar la liberación. Sabes que el fuego no se apagará. Sabes que se volverán a ver.
— Procura resolverlo antes de la luna llena. — dices mientras el vapor se esparce como si nunca hubiera existido.
Ahora tienes un rompecabezas que resolver en un idioma que nunca has leído, pero entiendes a la perfección. La próxima luna llena es mañana. Te das cuenta que todavía te queda trabajo por hacer. Aún quedan cadenas por romper.


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