Las pieles que habitamos

Desde el pasado 22 de agosto hasta el 26 de septiembre de 2026, el Museo Afro Casa Silvana (MACAS) presenta la exposición Las cinco pieles: artistas en conversación que reúne las obras visuales de Nassim del Río, Javi Cintrón, Yelimska Crespo, Andrés Miró Lugo, Alana Serbía y Ángel Blanco. Esta exposición colectiva forma parte de la IV Bienal de Arte Negro Brasileño, un encuentro de artistas negros y afrodescendientes de diferentes regiones de Brasil, Puerto Rico, Canadá y otros países. En las dos ocasiones en que Puerto Rico ha participado, en 2024 y 2026, lo ha hecho gracias a la contribución del museo.
Inspirada en la teoría de las cinco pieles del artista austríaco Friedensreich Hundertwasser, la exposición parte de la idea de que la piel es mucho más que una frontera física. Esta contiene cinco capas que nos relacionan con el mundo: el cuerpo, la ropa, la casa, la identidad social y el planeta. Estos artistas se desprenden del origen eurocéntrico de esta teoría para observarla desde la perspectiva decolonial y afro con el fin de ponerla en diálogo con nuestro contexto caribeño y puertorriqueño. Así, la propuesta se convierte en una oportunidad para explorar la memoria, la ancestralidad, la identidad, el territorio y las distintas formas en que los cuerpos negros y afrodescendientes habitan y son habitados por su entorno.

Esta reinterpretación se manifiesta de maneras distintas en las obras. Nassim del Río, en Benuh del Kriko, refleja cómo la memoria puede transmitirse y permanecer en los cuerpos de una generación a otra. El cuerpo femenino, especialmente el negro, también se convierte en una zona de guerra, acribillada tanto por la mirada social como por las estructuras de poder que lo vigilan y controlan.
La obra de Javi Cintrón, Mañana criolla, permite ampliar la conversación hacia la casa criollizada. A través de la visualización de la vida de barrio, el artista propone una reflexión sobre la “resiliencia cultural que define el paisaje de Puerto Rico”, haciendo de lo cotidiano un espacio donde se preservan formas de vida y vínculos.


En el caso de Yelimska Crespo, Tradición y legado presenta un padre y una hija tocando acordeón. Su pieza nos transporta hacia las costumbres musicales. Plantea preguntas interesantes sobre la presencia masculina en estos espacios claves durante las festividades, a la vez que imagina la posibilidad de que las mujeres también puedan ocuparlos.
Andrés Miró Lugo, por su parte, trabaja la figura femenina de las aguas en La gran confluencia, donde el Atlántico aparece como un espacio contradictorio. Es el escenario de violencia, desplazamiento y muerte, pero también de encuentro, transformación, renacimiento e historia.

En Ofrenda, de Alana Serbía, el mar y la piel se encuentran como espacios donde la memoria puede refugiarse y permanecer. La obra sugiere una relación íntima entre el cuerpo y el agua, como si pudieran recibir aquello que el cuerpo recuerda y guardar aquello que no puede olvidarse.
Finalmente, Ángel Blanco presenta Oráculo, una fotografía que muestra a una sirena caribeña con su cola hecha de penca, un elemento profundamente ligado al paisaje puertorriqueño. La penca transforma a la criatura mitológica en una figura arraigada al territorio caribeño. Es muy interesante cómo mezcla lo fantástico con lo cotidiano para crear un elemento de nuestra tierra en parte de un cuerpo que pertenece al mar.

Además de apreciar las obras, la experiencia no está completa sin tener una gran conversación con Edwin Velázquez Collazo, fundador y curador del Museo Afro Casa Silvana. Es increíble escuchar la historia, llena de valentía y arduo trabajo, detrás de la creación del primer museo afrocentrado en el país, así como conocer el fiel apoyo y la confianza que comparte con el arte afropuertorriqueño y sus artistas. Su trabajo no se presenta como un acto que nos divide socialmente, sino como una manera de resaltar una parte de nuestra identidad que se nos ha enseñado a olvidar o abandonar para encajar. No podemos pensar nuestra ciudadanía sin reconocer nuestras diversidades, ni nuestra identidad puertorriqueña sin reconocer nuestra ancestralidad negra. En ese sentido, Casa Silvana se convierte en mucho más que un espacio para exhibir obras. Es también un lugar para encontrarnos con memorias que han sido desplazadas y para permitir que esas memorias continúen produciendo nuevas formas de creación. Como mencionó Velázquez Collazo, recordar es un acto de resistencia. El arte parece comprender esta aseveración por naturaleza.
El arte contemporáneo de nuestro país va por un camino fértil y se nutre de tener estos espacios que funcionan como aliados para visibilizar su labor. En un país donde tantas historias negras han sido reducidas a una parte secundaria o hasta terciaria de nuestra identidad, museos como Casa Silvana permiten que el arte afropuertorriqueño ocupe el espacio que le corresponde y que sus historias puedan ser vistas, discutidas y recordadas. Las cinco pieles nos reafirman que las historias grabadas en nuestras pieles no terminan en el cuerpo. Habitan también en nuestras casas, nuestras comunidades y en la tierra que llamamos hogar.



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