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Maria Firmina dos Reis: Fundadora de nuestro canon literario afrodiaspórico cimarrón

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Arte por Andrés Miró Lugo de Maria Firmina dos Reis.
Arte por Andrés Miró Lugo

Existe una tradición letrada de literatura escrita por afrodescendientes en América Latina y el Caribe de por lo menos 200 años de existencia. Sin embargo, esta tradición no se estudia de manera sistemática en universidad ni escuela alguna. Es decir, en estos momentos del estudio de la “Literatura Universal” en que se desmonta la idea de la existencia de un canon, se nos revela a todos los estudiosos y lectores de la historia de la literatura en nuestros territorios que nunca vimos esta existencia cimarrona, paralela de otros imaginarios literarios.


La razón es que en cada país se articula un plan de enseñanza basado en la tradición nacional. En Cuba se estudia literatura cubana, en Argentina, literatura argentina.  En cada canon nacional, con suerte, se incluye uno o dos escritores afrodescendientes; pero siempre como excepción a la regla nacional blanco-criolla y, mayormente masculina. Sin embargo, se requiere que el estudiante en cada nación debe estudiar “los grandes clásicos universales de la literatura”. Lo universal, eso ya lo sabemos, está constituida por los grandes clásicos, que nombran estrictamente algunas (no todas) obras europeas (de no toda Europa), según una narrativa que establece a Grecia como origen de la cultura “universal” (que nunca lo fue); obras que conversan con esa “tradición” (y solo esa) desde sus respectivos idiomas “universales” es decir, colonizadores del mundo y de su imaginario literario. Si te interesa estudiar lo que queda “a los márgenes de lo universal en las Humanidades”, debes estudiar literatura de género detectivesco, de ciencia ficción, etc. —o de “identidad” nuyorican, afro, de mujeres, de pueblos indígenas—.


Es difícil crear un mapa organizativo que recoja y ordene en tiempo y espacios un canon tan completo como el de la Literatura Afrolatinoamericana y Afrocaribeña. Uso las mayúsculas en ánimo de reparar la desatención y faltas de valoración que por los siglos han definido las maneras en que se ha abordado la existencia de obras que constituyen este canon tan valioso y fractal. Muchos “especialistas” insistirán que no existe tal canon, porque su fragmentación lo ha situado al margen. Las obras que lo constituyen se escriben en español, pero también en portugués, y todas las veces, en españoles criollos con sus variantes léxicas, siempre salpicado de muchísimos indigenismos, arabismos y africanismos. También insisten en que el tiempo y la geografía lo fragmentan y que, por lo tanto, no se puede reunir dichas obras en un solo cuerpo literario. Se puede con los clásicos universales ingleses, irlandeses y estadounidenses, franceses, españoles (de España y algunos países de Latinoamérica, depende de quien los haya escrito), rusos y alemanes.  Pero la misma regla no se puede aplicar a la literatura afrodiaspórica en Latinoamérica y el Caribe Hispano. Una es “universal”, la otra “fragmentada”. Para nada tiene que ver la historia de la esclavitud y la colonización en temas de constitución de cánones literarios.


 Yo insisto en que dicha fragmentación no es quiebre, ni ruptura, ni debilidad de cohesión e integridad, sino fractalidad; es decir, que nuestro canon de Literaturas Afrodiaspóricas del Caribe Hispano y Latinoamérica se organiza de la mima manera en que la trata esclavista y el cimarronaje configuraron todas las áreas de nuestras geopolíticas, culturas, existencias y nuestras resistencias.  Así como, durante la trata esclavista, se fragmentaron familias, comunidades y etnias enteras, enviando a algunos bantús o igbos o lucumís a una isla y a otros a otra, a nuestras crías a un territorio y a padres, madres, abuelas, tíos y padrinos a otros, de esa misma manera, repito, surgieron comunidades que insistieron en su humanidad a través de la reconfiguración de la memoria, la espiritualidad, los afectos y las expresiones culturales. De esa reconfiguración nacen nuestras culturas “clásicas” y nuestras literaturas. De esos mismos orígenes múltiples y conectados, que comparten orígenes, se mezclan con otros pueblos y culturas. Insisto en su pluralidad puntual. Nuestras literaturas, son, a la vez, una y múltiples; es decir, fractales.


UN CANON DE MUJERES ESCRITORAS AFRO


Hoy por hoy podemos afirmar que Maria Firmina dos Reis (São Luís, 11 de octubre de 1825 - Guimarães, 11 de noviembre de 1917) fue la primera mujer escritora negra de la que tenemos noticia. Maria Firmina dos Reis nació en Brasil. Logró convertirse, contra todo y contra todos, en educadora y escritora abolicionista. En Brasil es considerada como la primera novelista del país, es decir, de cualquier “raza”; blanca, negra, mulata, saltatrás, tente en el aire, jabá, zamba o de cualquiera de las más de 40 tonalidades de piel que en el siglo XVIII-XIX configuró el sistema de castas coloniales y la pigmentocracia “moderna” en nuestras regiones.


De manera muy parecida a nuestra Celestina Cordero, primera maestra afro puertorriqueña y fundadora de la educación pública en Puerto Rico (1812), Maria Firmina fundó en el 1880 la primera escuela mixta y gratuita del Estado de Maranhão. No podemos pasar por alto que ambas escritoras nacieron y se formaron durante la esclavitud en sus respectivos países.

Maria Firmina nació hija ilegítima de una esclava y un hacendado. A los cinco años, su madre logró trasladarla de su ciudad natal a Viamäo, en el Estado de Río Grande do Sul, donde vivía su tía materna que tenía una buena posición económica y la acogió haciéndose cargo de ella. Dos Reis tuvo difícil acceso a la educación pública. No obstante, y aun a pesar de las dificultades, en 1847 y con 22 años de edad, se graduó como maestra y obtuvo una plaza en la Cátedra de Educación Primaria. Esto le permitió ejercer el magisterio en la localidad de São José de Guimarães, donde vivió hasta el final de sus días y donde se dedicó a la enseñanza desde 1847 hasta 1881. 


Durante este tiempo, compaginó la docencia con la escritura, colaborando en revistas literarias en las que publicó cuentos y poemas. En 1859 vio la luz su primera novela, Úrsula, y lo hizo bajo el pseudónimo de Una Maranhense, ya que en la sociedad esclavista y patriarcal de entonces, era impensable que una mulata fuera aceptada como autora. Úrsula esta escrita según las normas literarias del romanticismo de su época. Sin embargo, contiene una importante carga política y social que denuncia de la esclavitud desde el punto de vista de quienes la padecen.  Acá en Puerto Rico “Ursula” esta emparentada con la obra teatral “La cuarterona”, escrita por el abolicionista criollo Alejandro Tapia y Rivera, hasta hace poco considerado el padre de la literatura puertorriqueña, hasta que el investigador corrigió el dato, rescatando de la invisibilidad a Eleuterio Derkes, maestro, escritor y traductor afroboricua natural de Guayama, Puerto Rico. Fue Eleuterio Derkes, y no Alejandro Tapia, el verdadero iniciador (corrijamos, mientras podamos el mote de “padre”) de la literatura nacional. Sí, un negro. Tal como fue Celestina Cordero quien junto a su hermana Georgina y su hermano Rafael Cordero, fundaron la educación pública en Puerto Rico. Es decir, que las instituciones de la educación y la literatura fueron fundadas por libertos letrados en Puerto Rico. En Brasil, la literatura de mujeres fue fundada por una mulata. La existencia paralela e invisibilizada de este canon nuestro invita a reparar la historia literaria del Caribe y de toda Latinoamerica.


“Úrsula” fue un éxito que consagró a Dos Reis como escritora. Posteriormente publicó un libro de poemas. En 1887, publicó su segunda novela:  El esclavo. Esta novela entró en el debate público durante los tiempos de la abolición de la esclavitud en Brasil, que finalmente sucedió en el 1888. En ese mismo año, Maria Firmina compuso la letra y la música de su Himno a la Liberación de los Esclavos. Parte del himno reza:


Salve Pátria do Progresso!

Salve! Salve Deus a Igualdade!

Salve! Salve o Sol que raiou hoje,

Difundindo a Liberdade!


Maria Firmina dos Reis murió en 1917, a los 92 años, pobre, ciega y olvidada. Muchos años después, en 1975, el escritor e investigador José Nascimiento Morais, hijo, descubrió su obra en el Semanario Maranhão y promovió la reedición en 1976 de su novela Úrsula y el libro de poemas Cantos por el mar, además de escribir la primera biografía de la escritora bajo el título Maria Firmina: fragmentos de una vida en 1975.


¿UN CANON CIMARRÓN?


El investigador afroecuatoriano Edizon León Castro plantea en su libro “Filosofías de la existencia desde el cimarronaje” un imaginario otro que toma como punto de partida las estrategias e historias de los pueblos cimarrones que lograron establecer otros sistemas de saber, existencia, resistencia, ética y política desde los márgenes del sistema de la colonialidad-Modernidad. Desde múltiples palenques, cumbas, quilombos, y desde el cimarronaje marítimo entre las islas, se dieron casi todos los proyectos de libertad de América Latina y el Caribe, incluyendo el de Haití y el de “El Libertador”, Simón Bolívar. Alexandre Pétion, presidente de Haití desde el 1806 hasta el 1816, fue un aliado fundamental para Simón Bolívar. En 1816, tras sus derrotas, Bolívar llegó a Haití buscando auxilio. Pétion le brindó armas, barcos y financiamiento bajo una condición histórica: la abolición de la esclavitud en los territorios liberados. Nunca se menciona este detalle cuando se habla de la lucha por la independencia de las naciones latinoamericanas. Hasta ahí llega el racismo institucional y político de nuestras naciones.


Sin embargo, el control colonial nunca fue total ni absoluto. Siempre hubo cimarronaje. Propongo leer nuestro canon literario en AfroLatinoamerica y el Caribe Hispano como un canon de epistemología cimarrona. Nació entre intersticios liminales de los controles nacionales institucionales y bajo el aplastante yugo de los cánones de circulación e imposición de la literatura “universal-colonial”. Encontró posibilidades de huida, ataque, resistencia frontal o elíptica para proponer 200 años de obra literaria producida y sostenida desde todos los flancos del cimarronaje. Es decir, las 18 naciones hispanoparlantes de América Latina y el Caribe y sus diásporas. Habría que dilucidar cómo se incluyen las literaturas de Brasil, Belice, las Guyanas, Haití y otras islas francófonas y anglófonas a este canon. Y que hacemos con las literaturas escritas en garífuna, palenquero, raizal spanglish y otras lenguas originarias. Sin embargo, no cabe duda de que el abordar este inmenso campo de producción literaria debe hacerse desde una lógica distinta a la de los estudios literarios en la actualidad. La linealidad, la jerarquía, o la organización literaria según su conversación con la “tradición” eurocentrada no puede ser herramienta única de acercamiento. La relación, la fractalidad y la reticularidad  del uno-múltiple  nos ofrece un mejor lente para leer la historia de nuestras expresiones literarias desde adentro, desde su propia historia.


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