Instancias de la inercia o cómo leer lo repetido

El movimiento principal que actualiza la investigadora Odome Angone en su decálogo de herramientas epistémicas y vivenciales, consiste en inscribir una perspectiva étnico-racial al interior de las discusiones sobre injusticia epistémica, vinculando un extenso corpus de literatura afrohispánica y francófona. La investigadora registra la raza como un índice en el que se inscriben las desventajas en la participación de los recursos hermenéuticos que configuran la comprensión de los antagonismos sociales, las violencias en su carácter histórico y el estado activo de conflictos que se refieren al núcleo de la situación que compartimos bajo dichas condiciones: la comprensión social de la experiencia y los hechos sociales. Las instancias a las que una persona está expuesta, en las que la credibilidad de su testimonio es perfilada a partir de cierta “comprensión” generalizada respecto de su situación, vislumbran cómo grupos diferenciados por su experiencia (de raza, género o sexo) se encuentran adscribiendo significados que “no encajan bien”. Mientras, grupos sociales de los que se infiere un entrelazamiento conflictivo con las condiciones de posibilidad de lo inteligible, con las condiciones materiales de vida de grupos sociales objeto de ciclos en los que se actualizan relaciones de poder “socialmente forzosas”1 encuentran, sin embargo, significados adecuados respecto de su experiencia. El concepto de injusticia epistémica es elaborado por Miranda Fricker, conversando con Nancy Hartsock, en búsqueda de la articulación teórica de la forma en que las relaciones de poder inciden en las formas en que comprendemos nuestra experiencia 2. Un mundo social, como resultado material sociohistórico, es donde se encuadra la injusticia epistémica, ya que este, en sus condiciones materiales, es el que estructura tanto su constitución como las formas de interpretación colectiva. Fricker piensa que “en contextos hermenéuticos como nuestro conocimiento del mundo social, las cuestiones materiales y ontológicas rodean de forma natural la epistemología”3.
La serie de ensayos escenifica cómo los condicionamientos materiales que sobredetermina la conformación epistémica de una existencia compartida y los recursos hermenéuticos que la vuelven “comprensible”, desde una multiplicidad de sujetos políticos (como el sujeto político madre, por ejemplo). Asimismo, representan un momento de conflicto al interior de las formas en que se comprende y encarna la existencia, a raíz de la permeabilidad de los hábitos interpretativos del mundo social que se habita. Angone, en una serie de cinco capítulos cuya escritura envuelve en lo anecdótico un manantial conformado de voces que sobreviven la reiterada negación de su existencia, se despega de la explicación de Fricker según la cual la injusticia epistémica radica en una arbitrariedad4 porque la instancia estructural del sesgo en los recursos hermenéuticos es más bien una acción, definida como inercia. Angone muestra, desde una investigación que mueve al centro lo testimonial, el efecto de las narrativas sedimentadas en los recursos hermenéuticos que circunscriben la retórica de deshumanización como medio de hacer inteligible la negritud mediante un condicionamiento histórico. Si lo material conserva plena determinación de lo epistémico, la raza y por consiguiente el género, contienen una función estructural análoga a la instancia material: la autora le llama blanquitud.
Para Angone, la larga estela de violencia colonial que envuelve la raza y el género como un eje estructural en la constitución ontológica, las valoraciones estéticas y epistémicas, así como las formas sociales mediante las cuales la experiencia se torna inteligible, resultan en gratificaciones discretas de privilegios históricamente racializados. En conjunto con la injerencia del Estado como estructura devenida de la plantación, conforman una atmósfera de inercia de resortes inconscientes a partir de una mecánica de la negación incapaz de romper con la política racial de su pasado (29) 5. Es el campo en el que el privilegio blanco rinde frutos desde el prejuicio racial y la agencia que ejerce la violencia estructural se difumina. Por ejemplo, cuando el prejuicio racial no puede ser distinguido de la activa persecución histórica de la cual han sido objeto las personas migrantes.
La autora indica la relación entre violencia epistemicida y el impacto de su somatización, donde la inercia que producen tanto los recursos hermenéuticos como todos los ámbitos de la actividad significativa de un sujeto de conocimiento y su experiencia instauran formaciones inconscientes históricas de camuflaje y mimetismo 6. El condicionamiento opera como una suerte de postergación colectiva de ejercer mediación respecto de la incidencia de un prejuicio, en perjuicio del cual se replican prácticas de violencia y borradura en el núcleo de los mecanismos de reconocimiento. El carácter compartido de los recursos hermenéuticos en un contexto racializado apunta hacia una vulnerabilidad a rasgos colectivos e individuales que estriba no tan solo en cuán inadecuados puedan estos ser, sino en las formas en que encarno mi existencia y entablo mi relación conmigo mismo. Por ende, un punto de repetición estructural de las violencias históricas, según Angone, es el saber académico.
La inercia respecto de los conflictos en que se entrama la convivencia social, reproduce por medio de tropos y sesgos de validación como títulos académicos o neutralidad científica, censuras ideológicas 7. En la medida en que el saber académico sirve de espejo a un patrón de dominación que determina un eje de referencia, se convierte en un sesgo al interior del lenguaje que falsifica una experiencia irreductible. Es decir, esencial para la actividad significativa y material en la que se desenvuelve un sujeto de conocimiento, respecto de su existencia, la relación que encarna consigo y el entorno de un determinado sujeto/colectivo 8. Angone propone una concepción más amplia del conocimiento para poner en escena la operación de la injusticia en la experiencia de un sujeto/colectivo en calidad de agente 9. Así, muestra la incidencia estructural de la injusticia epistémica no tan solo en su aspecto cognitivo, sino en los ámbitos prácticos en que se despliega un agente.
El paso del prejuicio de color a superioridad jurídica deviene, según Angone, en la movilización de la “superioridad” como norma de lo humano, movimiento por el cual lo blanco se desracializa o se abstrae de los conflictos históricos y la violencia que se constituyó como norma 10. ¿De qué color son los blancos? nos invita a considerar que la raza y el género no son tan solo instancias en las que se articulan los sesgos estructurales de una sociedad devenida de la esclavización y que no puede deshacerse de los vestigios de su pasado; sino a considerar las formas en que dichos índices operan como resortes de un campo inercial, en el que se actualizan y reincorporan motivos históricos de la violencia sexista en su racismo y de la violencia racial en su sexismo.
1 Ibid, pg. 247.
2 Fricker, Injustica Epistémica (Herder, 2017), 237.
3 Ibid, pg. 238.
4 Ibid, pg. 243.
5 Angone, De qué color son los blancos?, 29
6 Ibid, pg. 61
7 Ibid, pg. 64.
8 Ibid, pg. 61
9 Ibid, pg. 67
10 Ibid, pg. 19.

Comentarios