Gárgolas, amor y dolor: desafiando el cine
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Dentro de una cartelera tan colonizada como la que solemos observar, el Puerto Rico Queer Filmfest (PRQFF) deconstruye la narrativa dominante que acapara el gremio cinematográfico la cual rechaza al cine alternativo, tanto local como internacional, y lo clasifica como uno “inferior.” PRQFF, consolidado en 2008, combate dicha concepción desde su estreno el siguiente año en la primera edición del evento cinematográfico celebrado en el antiguo Fine Arts de Miramar con la exhibición de diversos cortos extranjeros y un solo documental local.
La sección “Boriqueer” forma parte del Puerto Rico Queer Filmfest tras el aumento de propuestas puertorriqueñas consecuentes de esa primera edición hace 17 años atrás. En esta ocasión, me di la oportunidad de contemplar la pieza de cine “Boriqueer 2”, una tanda de cinco cortometrajes puertorriqueños presentados como selección del Cine Boriqueer en el Puerto Rico Queer Filmfest 2026 presentada el 24 de mayo de a las 4:30 p.m. y repetida el 25 de mayo a las 2:00 p.m. en Fine Arts Miramar como parte de la edición #14 del festival. Esta fue realizada por el director ejecutivo y fundador Víctor González, la productora Carmen Rebeca Fraticelli junto al coordinador y curador Jaime Santiago Cajigas que conforman el equipo núcleo de PRQFF siendo una organización cultural independiente y sin fines de lucro.
Dentro del proceso de producción que construyó la organización, 21 artistas pilares en el arte LGTB+ y queer puertorriqueño fueron entrevistados para convertir sus historias en un archivo de memorias colectivas para visibilizar y honrar su legado. De esta manera, una cantidad de guiones surgieron a partir de las vivencias recolectadas por Memoria Boriqueer.
A continuación, listaré las producciones cinemáticas según el mismo orden presentado en Boriqueer 2 seguida de mi humilde e inexperta aunque críticamente digerida opinión:
El reggaetón mató al bolero

El reggaetón mató al bolero (2026)
Un hermoso video musical producido por José Vélez Arocho y José Antonio Alameda e interpretado por la artista queer Ana Macho que abrió el entrelazo de cortometrajes que componen a Boriqueer 2. Tres minutos de visuales con tonalidad blanca y tenue que protagoniza la cantante vestida con un traje largo, blanco, una corona de plumas y unos guantes de encaje que brindan una serenidad divina, incluso celestial. A la vez, esta composición melódica utiliza el derroche de un género musical sobre otro, ambos históricamente cargados de moralismos, para expresar el amor desde la ternura, la complejidad, el secreto, y las exorbitantes ganas de gritar “Ángel, yo te juro que te quiero” en un mundo que “ya no escucha al amor”.
Luchetti

El género de dibujos animados hizo su aparición para ilustrar la aventura de Héctor, un padre que intenta conectar con su hijo adolescente, Seba. Estos personajes se sumergen en una interacción incómoda y divertida cuando Héctor lleva a Seba a un día de pesca en el lago Luchetti en Yauco y resulta evidente que sus intereses en cuanto a pasarla bien no convergen. No es hasta que aparece una misteriosa figura marina que vuelca la lancha y los deja sorprendidos que este junte comienza a conectar uno con el otro. Un suceso exitosamente intencionado que inicia el fortalecimiento de Héctor y Seba, pues una anécdota tan atípica sin duda se convertirá en uno de sus recuerdos más valiosos. Así, Héctor culmina su día complaciendo a Seba al llevarlo a la casa de su amigue para que los tres disfrutaran de una tarde “relax”. Además de mantener un tono jocoso, común en el género de la animación, también le saca provecho al guión sin diálogo. De esta forma, el hilo de este filme animado nos guiaba mediante una entretenida escena de actos alimentada eficazmente con efectos de sonidos entretenidos y un paisaje chulo del cuerpo de agua yaucano.
Aunque considero que la animación pudo contener representaciones notables de la cultura puertorriqueña, entiendo también que tal vez la producción de Samuel García buscaba acercarse a fomentar esa imaginación que los “cartoons” suelen proveer a la audiencia. De igual forma, esta pieza robó el corazón de muches por su ternura, originalidad y creatividad. Tanto así que el Cómite del Jurado de la sección Boriqueer, le otorgó el pasado 27 de mayo el premio de “mención especial” a Luchetti, entre tantas otras obras mostradas en esta categoría del PRQFF.
Viaje a las 12

Así mismo como el título, es un viaje que se desprende desde las experiencias del dolor, el miedo, la violencia y la incertidumbre que se vive en la colonia. Yara y Marcos inician su noche enmascarando deterioros mentales con alcohol, pasto y otras sustancias a las que recurren para aguantar y aliviar temporalmente los cantazos ante la necesidad de sobrevivir. Todo esto sin ser palpable hasta que a las 12:00 a.m., luego de recorrer varios bares, un tercero malintencionado interviene en su camino.
Gritos, risas, aplausos y exclamaciones de asombro reinaban durante la trama. Esta reacción colectiva subraya la efectividad del director, Juan Carlos Almeda Santa, para conectar con las fibras más sensibles de los espectadores, utilizando el cine como un espejo de las ansiedades sociales.
Me pareció interesante la exploración psicológica con los personajes cuando en situaciones depravadas experimentaban algún tipo de placer o goce producido por el morbo. Al “soltar” emociones reprimidas, para bien o para mal, ambos protagonistas se “liberaban” de, tal vez, traumas. Esta catarsis violenta sugiere que, en contextos de opresión extrema, la liberación puede manifestarse de formas inquietantes y transgresoras.
Las enfermedades mentales son implícitas al igual que los factores que las motivan a existir en la cabeza de cada uno. La obra invita a reflexionar sobre cómo el entorno colonial y la precariedad económica actúan como catalizadores de estos estados psicológicos.
Esta reflexión no se quedó meramente en las características psicológicas sino que también me llevó a pensar en cómo las carreteras de PR en la noche pueden ser el set up perfecto para grabar contenido de suspenso y hasta de terror. Además, debemos internalizar que ya las calles del país han visto más que eso.
Dejemos de engañarnos pues estamos conscientes de que los “recovecos” de la isla han sido testigos de asesinatos, desecho de cuerpos y eventos similares a los que estxs dos amigues se encuentran cuando las gárgolas salen a deshacer. La ambientación nocturna no es solo un recurso estético, sino un recordatorio de la violencia sistémica que acecha en la oscuridad.
El plot twist en este filme de ficción es todo lo que necesitaba la pantalla puertorriqueña, sobre todo en un festival de cine queer, para desafiar las expectativas convencionales y ofrecer una narrativa cruda y auténtica.
¿Por qué tanto dolor?

Al instante en que comenzó este documental experimental, mi mente ya estaba deconstruida del discurso dominante en el cine. Para este momento, ya estaba muy enterada de que no estaba viendo The devil wears prada, sino que estaba enfrentándome a una realidad que duele y desmolda la idea de un cine evitativo. Esta pieza no busca entretener de forma pasiva, sino confrontar al espectador con las verdades incómodas de nuestra sociedad.
“Todas las calles me llevan al punto”, describe José Luis Cortés en su pieza autoexploratoria. Las adicciones, el placer y la sexualidad abordan el ser como mecanismo de supervivencia para habitar el dolor de existir. Desnudos, poesía y arte fusionados para incomodar y mostrar la historia del artista multidisciplinario puertorriqueño para el que “un escape, es su única forma de vivir”.
Píldora

Pili nos dio presencia, cojones y resistencia a la vez que brindó vulnerabilidad, amor y complicidad. Una figura trans que enfrenta el mierdero causado por el estatus político colonial conservador que imposibilita el proceso de transformación y cuidado trans en la isla. La carencia de materiales y acompañamiento emocional consume a Pili de tal forma que contempló una puerta que, aunque nunca se abrió, habría sido su ritual de partida. Ropa blanca, una corona de flores, azucenas y una despedida intencionada frenada por el amor producto de una relación inesperada con un traficante queer. Este vínculo trasciende el deseo y se convierte en un apoyo mutuo y necesario para ambos navegar dentro de un sistema opresor.
La detallada y maravillosa calidad de producción de Edgar García se reflejó más allá de mis ojos pues este cortometraje ganó el premio del público a mejor cortometraje y recibió una mención especial en actuación por parte del jurado.
Solo resta mencionar el anhelo por disfrutar más creaciones cinematográficas alternativas y locales, sugiriendo la implementación de narrativas alineadas con miradas antirracistas y afrocentradas. Considerando que el cine boriqueer cuestiona las estructuras de poder, esta propuesta queda cruda sin reconocer directamente que las personas negras han sido parte intrínseca de la lucha queer. Por tanto, el futuro cinematográfico debe integrar estas perspectivas de forma intencionada para trascender los discursos coloniales y, por fin, encontrar un repertorio que honre la complejidad de la identidad queer en un contexto afroisleño que resiste.



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