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medalla pa' la abuela

  • Writer: afrodescendenciaup
    afrodescendenciaup
  • 5 days ago
  • 3 min read

Arte por Coralis Cruz González
Arte por Coralis Cruz González

Una falda verde cortita, un top y botas color negro, un pañuelo en la cabeza y unas gafas marrones fue mi outfit para ir el viernes 17 de enero a las SanSE. Mi hermana me ayudó a prepararme y hasta me prestó una cartera de esas que se amarran en la cintura, porque siempre dejo todo botado. Cuando iba de salida, me detengo en el espejo gris de la sala para mirarme el pelo y el makeup por última vez antes de irme. Es rutina y manía mía.


Miro a abuela en su butaca y a mi hermana sentada en el sillón gris, me río y les digo: "me voy, nos vemos. ¡Abuela, bendición!"


-Dios te bendiga, mija —me contestó.


Estoy segura que nos echó la bendición completa a mí y a mi novio, Joel, que me buscó y que también le llevó dos medallitas a abuela Toña. Arrancamos también con el primo de Joel. La meta era llegar a la estación Martínez Nadal para coger el tren y llegar al Choli, montarnos en las guaguas y llegar a la SanSE. Llegamos tempranito a las fiestas y rightaway nos compramos una medalla cada uno. Yo no hago las reglas, pero un puertorriqueño que se respete, bebe medalla y más en este tipo de eventos, donde Medalla es el auspiciador principal y la vieja confiable.


De más está decir que la nota que cogimos estuvo buenísima. Ya a eso de las seis-siete de la tarde, nos paramos en una esquina a tirarnos fotos y a reírnos de todo el que bajaba y subía por las calles.


-A ver qué me dio la muchacha de Medalla -dice Joel mientras abre su mariconera -¡Ay, bendito! Mira baby, un abanico de Medalla, esto es pa' abuela Toña, obligao.

-De verdad que sí, abuela te va a amar - le digo.

-¿Qué es, qué le gusta mucho la medalla? -pregunta Gaby, el primo del jevo.

-Sí, cabrón. Acuérdate que le lleve dos medallas orita.

-Pero le voy a llevar el abanico con una medalla, porque solo no hace na'.

Cayó la noche y nos fuimos a La Perla, a uno de mis negocios favoritos.


-Tres bravadas con cranberry -le pide el baby al bartender. Como que las cervecitas no hacían efecto y nos pusimos pal vodka. Prendimos alguito y de alguna forma terminamos hablando de cuándo Joel y yo nos íbamos a casar y a tener un hijo o hija.

-Acho, si ya tú sabes que ella es la que es. Ya llevan 5 años, cabrón, ponte pa' la vuelta -dijo Gaby.


Aunque la idea nos parece algarete cuando estamos sobrios, en ese momento, la nota, la brisa con olor a mar, la música, y la vibra nos hacía sentir completos.


En la buena, la sugerencia de Gaby no era tan mala na'. De regreso, mis instintos solo querían practicar con Joel ese hijo del que nos decía Gaby. Pero ni modo, andábamos los tres en un solo carro y ellos dos tenían que irse a sus casas en Cayey. De camino a casa, también pensaba en la sencillez de la vida, en la claridad que una siente cuando se rodea de las personas correctas y de todo lo que estoy dispuesta a hacer cuando siento, amo y actúo sin sobrepensar.


Con abuela siempre en mente, cada vez comprendía más sus anécdotas de amor con mi abuelo y sus tantas historias de fiesta. Le encantaba salir a bailar, cantar, beber, fumar sus cigarrillos y enamorarse. De niña, siempre me decían que me parecía a ella. No lo veía. Hoy, no me cabe la menor duda de que soy ella, cada parte de mí viene de ella y soy por ella.


 
 
 

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