La ficción de la diferencia
Los Grandes Dientes de la Caperucita del escritor panameño, Carlos Wynter Melo, gira en torno a la prostitución de menores de edad y las perspectivas de los jóvenes envueltos en ella. Tina René, la protagonista de la historia, es una adolescente que se siente atrapada por los límites de su mundo, al cual apoda “la pecera". En la búsqueda de algo que trascienda lo ordinario de su existencia, vincula todo lo que experimenta con historias y personajes ficticios. Esto la lleva a entablar una amistad con un joven banquero, a quien ella inicialmente relaciona con su propio personaje, el vaquero John Carlton. Para ella, este simboliza esa libertad y valentía que busca la protagonista para escapar de sí misma. Lo contrasta con otro personaje, Robert Fist, que representa límites impuestos y cobardía. Precisamente, el impulso hacia lograr algo que tenga una importancia más allá de ella es lo que la motiva a rescatar a Ernestina, una joven sometida a los castigos de su proxeneta por querer escapar de sus garras.
Tina René se topa con la noticia del asesinato de Víctor Hurtado en el periódico, un trabajador sexual que fue apuñalado varias veces hasta la muerte. A partir de este punto, la línea entre el relato y las ficciones que construye la protagonista se nublan. Recibe una llamada equivocada donde comienza a adentrarse en las dinámicas de un mundo muy ajeno al suyo. Seguido escucha las voces de dos chicas llamadas Cleopatra y Jack London. Estas hablan por primera vez de Ernestina, quien parece encontrarse en peligro a manos de su proxeneta. Los nombres literarios de los personajes y las circunstancias en las que Tina René se acerca a la información nos podrían llevar a cuestionar si los eventos en realidad están sucediendo o si son el producto de su imaginación para escapar de esa cotidianidad que encuentra tan asfixiante. Los eventos provocan una fascinación en Tina René, quien se ve a sí misma reflejada en Ernestina. En su mente, ambas están en la búsqueda de la libertad.
El espejismo de Tina René y Ernestina funciona para plantear la pregunta de si hay una diferencia fundamental en características e intereses entre estos adolescentes que terminan siendo explotados sexualmente y los adolescentes que viven vidas “normales”. Las historias de los personajes revelan diversos orígenes, donde lo único en lo que todos coinciden realmente es en la vulnerabilidad. En muchos casos, se trata de una vulnerabilidad económica y de la fragmentación de sus familias. Pese a esta generalidad, se menciona que hay jóvenes que vienen de familias acomodadas bajo el control de Hugo Ventina, el proxeneta. La historia nos narra que hay un proceso tácito y paulatino de acondicionamiento y seducción para que terminen en manos del proxeneta, no solo a través de los lujos y la promesa de una estabilidad material, sino a través de la ilusión de una vida que interrumpa la normalidad. Para Tina René, este es el riesgo. La vemos aproximándose al peligro en búsqueda de algo trascendental que comienza por rescatar a Ernestina, pensando que ambas son diferentes a los demás. Sin embargo, esa curiosidad mezclada con la proyección que tiene Tina René sobre Ernestina nos hace entender que, en toda su diferencia, ella es exactamente como los adolescentes manipulados por Hugo Ventina. La insatisfacción característica de su edad la hacen vulnerable a caer en la trampa. Aquella pregunta que surge al inicio sobre la veracidad del relato que estamos leyendo se hace útil para enfatizar la atracción que siente ella por ese mundo desconocido, y para cuestionarnos nuestras propias ficciones sobre el mismo.
Esta desventaja social es lo que anula de inmediato el comentario del banquero sobre la voluntad que tenían los adolescentes de trabajar o no para Ventina, porque su deseo mismo está marcado por la necesidad y la inexperiencia, de las cuales Ventina está consciente y explota. Ventina les resalta los límites que vienen con su corta edad y les plantea que la solución es acabar con su niñez. Les vende la pérdida de protección como libertad. Esa narrativa es a la que se ven atraídos los personajes, incluso sin saberlo. Las perspectivas y razones de cada uno de ellos puede tener elementos distintivos, lo cual sugiere que no hay pretensiones de diferencias que les salven del peligro. La amenaza no se encuentra en los adolescentes individualmente, sino en un sistema que explota su vulnerabilidad. Carlos Wynter Melo nos guía en la navegación de estos tabúes, permitiendo la reflexión y el cuestionamiento sobre las nociones que tenemos de un mundo tan estigmatizado.


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